Mi vieja siempre dijo que el brazo me había quedado mal. Como soy media esquelética se notaba bastante una especie de bulto que el médico dijo era un callo.
¿Un callo interno? Uno no sabe y el turro del doctor me lo dijo con tanta naturalidad que le creí y me quedé tranquila. Pero el brazo me molestaba a morir.
Finalmente, placa radiográfica mediante, decidió que había que quebrarme nuevamente, operarme, poner bien los tornillos y dejarme el brazo bien de una vez por todas.
Por lo tanto la fractura, que no había sido expuesta y no me había dejado marcas, finalmente soldó pero me quedó la cicatriz de la cirugía en el brazo, sumada a la de los puntos en la cabeza. Hablando de esa, tomé coraje y me rapé para que el cabello me creciera parejo. Me prestaron una peluca, pero me picaba la cabeza una locura, así que me animé a andar rapada por la calle. Fue una experiencia nueva entre tantas experiencias nuevas.
En Diciembre mi novio, ahora ex, me vino con la historia de que necesitaba más espacio. Como no soy excesivamente celosa ni excesivamente invasiva me olió mal de entrada.
La relación estaba en una meseta desde hacía tiempo. Hubo tiempos mejores y tiempos peores, pero en ese momento estábamos en una calma chicha. El huracán llegó cuando me dijo que estaba saliendo con la contadora de la empresa desde hacía cinco meses, que estaba seguro de esa relación, que se veía mejor futuro con ella, que no quería que yo guardara un mal recuerdo de él y que no quería lastimarme.
La verdad es que no fue un baldazo de agua fría, fueron las cataratas del Niágara en cubitos. Me quedé sin saber qué decir mientras pensaba que iba a hacer ahora. Pisando los cuarenta, sola, media rota y sin trabajar.
Finalmente, el 17 de Diciembre me presenté a trabajar y le dije a mi patrón si había algo que pudiera hacer. Con su habitual simpatía me dijo que si con las dos manos no aportaba mucho, con una ya podía imaginarse. Me dijo que fuera el 2 de Enero y charlábamos.
Charlé mucho con mi vieja y con Mariana acerca de cómo me sentía. Después de haberlo pensado en frío, me di cuenta de que además de la traición y el desprecio, me dolió la pérdida de tiempo.
El orgullo se cura, el amor se olvida, pero el tiempo que perdí no lo recupero más. Y no es lo mismo perder seis años desde los 20 a los 26 que desde los 30 a los 36. La vida te va dando menos chances a medida que sos mayor.
No quiero terminar mi vida sola, bueno, mi vieja también está sola pero tuvo su oportunidad de ser feliz, armar una familia y -tal vez demasiadas veces- ser madre.
Yo también quiero mi oportunidad y me rehúso a creer que toda mi chance en la vida hayan sido un par de noviecitos y este último novio cobarde y mentiroso.
Me seguí juntando con los chicos algunos viernes y para fin de año cenamos todos juntos –invitó mi patrón- y la pasé re bien. Conocí a la esposa de mi patrón y a sus dos nenes, un varón y una nena. La mina es piolísima y muy bonita. No sé qué hace con ese flaco. Por ella me enteré que viven en la parte de atrás de la imprenta, que la casa y el taller son dos terrenos que se comunican por los fondos.
Después de la cena los chicos salieron cada uno con su plan, la única vieja amargada que se acostó temprano fui yo. Laura me invitó a salir con su hermana y un grupo de chicas, pero la verdad es que el alma me pesaba demasiado y no tenía ánimo más que para quedarme en casa, además de que eran todas pendejas.
El 2 me presenté a trabajar y una vez más el tener una obligación me hizo sentir que las cosas se encarrilaban.
¿Un callo interno? Uno no sabe y el turro del doctor me lo dijo con tanta naturalidad que le creí y me quedé tranquila. Pero el brazo me molestaba a morir.
Finalmente, placa radiográfica mediante, decidió que había que quebrarme nuevamente, operarme, poner bien los tornillos y dejarme el brazo bien de una vez por todas.
Por lo tanto la fractura, que no había sido expuesta y no me había dejado marcas, finalmente soldó pero me quedó la cicatriz de la cirugía en el brazo, sumada a la de los puntos en la cabeza. Hablando de esa, tomé coraje y me rapé para que el cabello me creciera parejo. Me prestaron una peluca, pero me picaba la cabeza una locura, así que me animé a andar rapada por la calle. Fue una experiencia nueva entre tantas experiencias nuevas.
En Diciembre mi novio, ahora ex, me vino con la historia de que necesitaba más espacio. Como no soy excesivamente celosa ni excesivamente invasiva me olió mal de entrada.
La relación estaba en una meseta desde hacía tiempo. Hubo tiempos mejores y tiempos peores, pero en ese momento estábamos en una calma chicha. El huracán llegó cuando me dijo que estaba saliendo con la contadora de la empresa desde hacía cinco meses, que estaba seguro de esa relación, que se veía mejor futuro con ella, que no quería que yo guardara un mal recuerdo de él y que no quería lastimarme.
La verdad es que no fue un baldazo de agua fría, fueron las cataratas del Niágara en cubitos. Me quedé sin saber qué decir mientras pensaba que iba a hacer ahora. Pisando los cuarenta, sola, media rota y sin trabajar.
Finalmente, el 17 de Diciembre me presenté a trabajar y le dije a mi patrón si había algo que pudiera hacer. Con su habitual simpatía me dijo que si con las dos manos no aportaba mucho, con una ya podía imaginarse. Me dijo que fuera el 2 de Enero y charlábamos.
Charlé mucho con mi vieja y con Mariana acerca de cómo me sentía. Después de haberlo pensado en frío, me di cuenta de que además de la traición y el desprecio, me dolió la pérdida de tiempo.
El orgullo se cura, el amor se olvida, pero el tiempo que perdí no lo recupero más. Y no es lo mismo perder seis años desde los 20 a los 26 que desde los 30 a los 36. La vida te va dando menos chances a medida que sos mayor.
No quiero terminar mi vida sola, bueno, mi vieja también está sola pero tuvo su oportunidad de ser feliz, armar una familia y -tal vez demasiadas veces- ser madre.
Yo también quiero mi oportunidad y me rehúso a creer que toda mi chance en la vida hayan sido un par de noviecitos y este último novio cobarde y mentiroso.
Me seguí juntando con los chicos algunos viernes y para fin de año cenamos todos juntos –invitó mi patrón- y la pasé re bien. Conocí a la esposa de mi patrón y a sus dos nenes, un varón y una nena. La mina es piolísima y muy bonita. No sé qué hace con ese flaco. Por ella me enteré que viven en la parte de atrás de la imprenta, que la casa y el taller son dos terrenos que se comunican por los fondos.
Después de la cena los chicos salieron cada uno con su plan, la única vieja amargada que se acostó temprano fui yo. Laura me invitó a salir con su hermana y un grupo de chicas, pero la verdad es que el alma me pesaba demasiado y no tenía ánimo más que para quedarme en casa, además de que eran todas pendejas.
El 2 me presenté a trabajar y una vez más el tener una obligación me hizo sentir que las cosas se encarrilaban.
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