miércoles, 8 de agosto de 2007

Start

Ya iré mejorando.
En mi vida, en esto del blog, con la psicóloga, con mi novio, con mi vieja, con mis hermanos.
Hace tres meses falleció papá. Mi viejo que era mi gran amigo a pesar de las discusiones por todo. Mi viejo que cuando yo tenía 6 años, mientras jugábamos en el patio, me prometió que nunca me iba a dejar sola.
Mi viejo, que con su ausencia nos está mostrando cuánto nos protegía, me dejó a su manera este trabajo en un lugar que odio sin conocer, con un tipo que detesto como patrón.
No me quiero quejar mucho. Durante dos meses y medio deambulé dejando CVs por todos lados. No quería venir a trabajar justo donde falleció papá, no quería recibir órdenes del tipo que tocó timbre en casa y le dijo a mamá que lamentaba decírselo pero que papá había muerto de un ataque... con una cara de nada que no puedo creerlo. Como si no le afectara ver como nos desmoronábamos uno a uno a medida que nos íbamos enterando... y él parado ahí con las manos en los bolsillos. ¡Qué asco, por Dios! Al menos se hubiera ido a su casa al toque y no después de estudiarnos, porque a mi no me jode, eso hacía.
Este tipo que dos días después vino y me dijo a cara de perro que ahora que mi viejo no estaba iba a tener que trabajar y que él tenía un puesto para mí, va a ser mi jefe.
Di vueltas hasta que mi vieja me dijo que no teníamos más dinero, que había sacado fiado en la esquina para que anoche podamos cenar. Ahí me di cuenta de que sólo Mariana y yo podemos ayudar... y ella no consigue nada.
Hice de tripas corazón y llame para pedir el trabajo... si tengo que tragarme más cosas como esta voy a reventar.
La psicóloga (a la que tampoco le pago porque es conocida de mi vieja) me dijo que escribir o contar lo que me pasa me va a ayudar, que el feedback de la gente me va a ayudar.
Hoy tengo el corazón rebalsando veneno por lo que me pasa y la verdad es que no tengo mucha fe en nadie, ni en la psicóloga ni en el feedback. Ni siquiera en mi paciencia para estar metida 8 horas en un trabajo. Escribir a mano me da fiaca y contarle a la gente es bancarte esa cara de novillo que ponen y que te pongan la mano en la cabeza, la espalda o el hombro y te digan cuánto lo sienten... ¡Qué van a sentir! Esos mismos en el velatorio contaban chistes. ¡Qué cínicos!
En fin, hoy empiezo otra etapa y no quiero tirar mucha mala onda, sólo la que no me banco sola.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Te voy a ser bien sincero y disculpame el anonimato pero no tengo identidad aún en la blogosfera.

Como puede ser que escribis un post como el que escribis, en el que incluso reconoces hacerlo como parte de una terapia... y encima no hay un desgraciado que ponga un comentario?

Disculpame por llegar tan tarde a tu blog pero recién lo encontré vagando por ahí. Sino, seguramente hubiera comentado antes.

Hay quienes viven para trabajar... evidentemente tu caso es el contrario. Sin embargo, como lo veo yo, el trabajo aprieta pero no ahorca.

Saludos y suerte

Yanina dijo...

Gracias por pasar. Anduve media perdida. Tenés razón que el trabajo aprieta pero no ahorca. Incluso gracias al trabajo es que ando perdida porque me mantiene gran parte del día con la cabeza ocupada. No sé si no es mejor terapia que la terapia.